Adoración Perpetua

Después de la oración litúrgica que hacemos, es esta la practica más importante para ambas ramas de la Congregación, ya que en ella estamos absolutamente dedicadas a nuestro principal deber que es la contemplación de Dios, el encuentro cara a cara con Él, el olvido de lo creado para estarnos solo con el Creador. Por ello dice San Juan Pablo II “Dedicarse a Dios es… la forma más noble y más alta de actividad del ser humano, en cuanto que éste se concentra del todo en la adoración del Ser Infinito, que quiere la salvación de toda la humanidad… He aquí, pues, la forma precisa de colaboración que… ofrecéis a la Iglesia para el bien de las almas” . A esto mismo se refiere San Juan de la Cruz cuando dice: “Adviertan pues aquí los que son activos, que piensan ceñir el mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios si gastasen siquiera la mitad del tiempo en estarse con Dios en oración. Cierto entonces harían más y con menos trabajo… de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada y aun a veces daño” . Y de la misma forma Santa Teresita del Niño Jesús: “Sólo esto reclama Jesús de nosotros. No tiene necesidad de nuestras obras, sino únicamente de nuestro amor”.
Jesús nos amó hasta el extremo, dejándonos la mayor prueba de amor que puede darse “Quedarse vivo y real en la Hostia consagrada”; en correspondencia a su entrega, las religiosas de vida misionera activa y las hermanas contemplativas viven la adoración perpetua en presencia del Santísimo expuesto día y noche.