Consagración a Jesús por María

Como parte principal de nuestro carisma es la esclavitud mariana, es por ello que difundimos la consagración total a Jesús por María según el método de San Luis María Grignion de Montfort, «medio eficaz para vivir fielmente el compromiso del bautismo», y llevamos a todo quien se consagre por este medio a vivir en gracia de Dios y a profesar una verdadera devoción a la Santísima Virgen María.
La plenitud de nuestra perfección consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo. Por consiguiente, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, la que nos asemeja, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien, María es la creatura más semejante a Jesucristo. Por consiguiente, la devoción que mejor nos consagra y hace semejantes a Nuestro Señor es la devoción a su santísima Madre. Y cuanto más te consagres a María, tanto más te unirás a Jesucristo. La perfecta consagración a Jesucristo es, por lo mismo, una perfecta y total consagración de sí mismo a la Santísima Virgen y es una perfecta renovación de los votos y promesas bautismales.

¿QUIERES CONSAGRARTE?

Vivir la consagración a María tiene como único fin amar más perfectamente a Jesucristo, vivir de manera más plena la unión con Él y pertenecerle totalmente a Él, por medio de la entrega de sí mismas a la Santísima Virgen.

Por tanto, si establecemos la sólida devoción a la Santísima Virgen, es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y ofrecer un medio fácil y seguro para encontrar al Señor. Esta devoción nos es necesaria para hallar perfectamente a Jesucristo, amarlo con ternura y servirlo con fidelidad. (San Luis María Grignion de Montfort).

Jesús nos enseña que debemos nacer nuevamente del Espíritu. Nosotras queremos permanecer, a semejanza de Él, en el seno purísimo de la Virgen mientras vivimos en este mundo, para luego nacer a la vida Eterna. Así lo afirma San Agustín:

Todos los predestinados –para asemejarse realmente al Hijo de Dios (Rm 8,29)– están ocultos, mientras viven en este mundo, en el seno de la Santísima Virgen, donde esta bondadosa Madre los protege, alimenta, mantiene y hace crecer hasta que les da a luz para la gloria después de la muerte, que es, a decir verdad, el día de su nacimiento, como llama la Iglesia a la muerte de los justos.

Y santa María de Jesús Crucificado también nos enseña a vivir de este modo cuando describe su experiencia de vida: «Habito en el vientre de mi Madre. Aquí yo encuentro a mi Amor».