Nuestra Vida

Vida Contemplativa

El apostolado de la vida contemplativa tiene una importancia particular en la conversión y salvación de las almas «por sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, porque es Dios quien, por medio de la oración, envía obreros a su mies, abre las almas de los no cristianos para escuchar el Evangelio y fecunda las palabras de salvación en sus corazones». Nuestras religiosas contemplativas saben que su «apostolado primordial y fundamental consiste en la perfección de su misma vida contemplativa», pues tal es, según los designios divinos, «su modo típico de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia, de realizar la comunión con la Iglesia, de cumplir con la misión dentro de la Iglesia». Sin embargo, además de observar con fidelidad todo lo propio de su vida monástica, conservando la clausura, pueden y deben predicar, desde los locutorios de cada monasterio, el anuncio de la palabra de Dios, la consagración a Jesús por María, los Ejercicios Ignacianos, el Catecismo y toda verdad de nuestra fe que sirva para formación de quienes la necesiten, mostrando la alegría de la vida cristiana que gozan desde su vocación.

Vida Activa

Hemos recibido del Señor el mandato: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», y por ello, nos disponemos a ir a cualquier misión que nos sea asignada; y que Dios disponga para nosotras sin preferir este o aquel, ni imponiendo nuestros deseos o caprichos. Allí donde existan almas necesitadas de conocer a Jesús y a su Madre –sin importar las condiciones–, allí se dispone a ir una Hija de la Sagrada Familia a servir hasta morir, porque «nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos».
serviremos con todo nuestro ser a la Iglesia donde ella nos necesite, sin dejar que el temor y la prudencia humana nos hagan negarnos a la misión que se nos pida. Siempre que tengamos religiosas capaces de responder a los pedidos hechos por los obispos, a las misiones que se nos ofrezcan, y siempre que existan las condiciones indispensables para vivir dignamente nuestra vida consagrada, nos disponemos a dar un fiat a la Iglesia.
Unidas a la Iglesia, realizamos todas las obras misioneras que emprendemos de acuerdo al fin de nuestra Congregación.