NUESTRO CARISMA

Nuestro carisma consiste en trabajar intensamente por dar a conocer, defender, inculturizar, propagar y dar a toda gente, raza, pueblo y nación el amor que profesa la Santísima Virgen María por cada uno de sus hijos, el amor que le debemos, la honra y la gloria que espera Dios que le tributemos al habérnosla entregado como su herencia en la Cruz: “Ecce Mater Tua”.

 

Difundimos la consagración total a Jesús por María según el método de San Luis María Grignion de Montfort, «medio eficaz para vivir fielmente el compromiso del bautismo», y llevamos a todo quien se consagre por este medio a vivir en gracia de Dios y a profesar una verdadera devoción a la Santísima Virgen María.

 

 

«HE AHÍ A TU MADRE»
LA VIRGEN DE GUADALUPE ES NUESTRA PATRONA DE LA COMUNIDAD

El carisma de llevar a las almas a vivir una verdadera devoción a la Virgen lo desarrollamos principalmente con una profunda vida de oración, de manera especial en la adoración perpetua que hacen nuestras religiosas contemplativas y misioneras activas al Santísimo Sacramento del altar, y que promueven de manera especial estas últimas en los apostolados que realizan, ya que “un rato de verdadera adoración tiene más valor y fruto espiritual que la más intensa actividad, aunque se tratase de la misma actividad apostólica”. Ambas ramas llevan –en la vocación específica que han recibido– la soledad de los Sagrarios; aspirando a través de sus vidas, dar al Señor el culto de adoración Eucarística que merece recibir: la compañía que deberían hacerle todos los hombres para que nunca se encuentre solitario.

Adorar al Santísimo Sacramento es “el acto más excelente, pues comparte la vida de María en la tierra, cuando le adoraba en su seno virginal, en el pesebre, en la Cruz o en la divina Eucaristía. El acto más santo, ya que es éste el ejercicio perfecto de todas las virtudes: fe, la cual es perfecta y completa cuando adora a Jesucristo oculto, velado y como anonadado en la Sacratísima Hostia; esperanza, ya que para que pudiésemos esperar pacientemente el cielo de la gloria, y para conducirnos a él, creó Jesucristo el hermoso cielo de la Eucaristía; caridad, pues como el amor es toda la ley, toda ella se cumple al adorar a nuestro Dios y Señor en el Santísimo Sacramento con toda la mente, todo el corazón, toda el alma y con todas las fuerzas; adorando también se puede practicar la caridad perfecta para con el prójimo, orando por él e implorando en su favor las gracias y misericordias del Salvador. El acto más justo: adoramos a Jesucristo por aquellos que no le adoran, le abandonan, le olvidan, le menosprecian y le ofenden”. (San Pedro Julián Eymard)

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